POLITICA
Tironeos tras la trágica muerte

Ramona, el PJ, las organizaciones sociales y Larreta: la historia política secreta de la Villa 31

El caso conmovió al barrio y puso de relieve la puja política detrás. Atomización de poder, el kirchnerismo y el PRO. El rol de los piqueteros.

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Villa 31 en cuarentena, día 50 por covid-19 | Pablo Cuarterolo

La trágica muerte de Ramona Medina, la referente de “La Poderosa” del Barrio 31 que murió por el coronavirus, y quien colaboraba con el barrio vulnerable más grande del país, puso al descubierto los conflictos internos y una historia donde se conjugan organizaciones sociales, partidos tradicionales, la izquierda y el PRO. Todos cruzados por el “botín” que suponía controlar la villa con mayor visibilidad del país instalada en el corazón de la Ciudad.

En el barrio Carlos Mugica, o Barrio 31, hay 12.825 hogares y es la villa más vieja de la Ciudad. Hoy encabeza el ranking de infectados con 1.083, más del doble que la segunda.

Según datos oficiales, allí viven 40.203 vecinos, un promedio de 3,14 por hogar. El promedio de edad es sustancialmente bajo: el 44% son menores de 20 años. Este dato es fundamental: en el Ministerio de Salud aseguran a PERFIL que esto permite que la tasa de asintomáticos sea tan grande y la de letalidad tan baja en la villa. Con todo, en estas semanas los tironeos políticos al interior se visibilizaron como pocas veces. Y la atomización del poder entre distintas facciones políticas también.

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Encontraron los restos humanos en la Villa 31 de Retiro.

Pero, ¿por qué siempre estuvo atomizado el poder allí? Básicamente por la visibilidad que otorga cualquier conflicto por su cercanía con la terminal de Retiro y la autopista Illia. Ninguna otra villa de la Ciudad permite este nivel de visibilidad. “Si se corta la luz en villa 20 no se entera nadie, a lo sumo cortaban el Premetro”, lo resume ante PERFIL un histórico dirigente peronista. Es más: saltando una reja, de ambos lados, se puede entrar en la autopista Illia sin problemas.

Pero también es un barrio clave porque, al igual que La Rocinha en Rio de Janeiro, se trata de una de las zonas donde más caro sale el metro cuadrado.

La historia política. Antes, durante la última dictadura militar, supieron vivir unos 40 mil habitantes pero, con la lógica de la represión, sobrevivieron pocas familias y la mayoría fue desalojada.

Con la democracia, ya en los ochenta, volvió a poblarse. Ya el crecimiento del Barrio 31 que se dio en los noventa fue lento. Pero siempre estuvo en el foco de atención: el intendente menemista Jorge Domínguez fue apodado “topadora” por querer erradicarlo.

Tras la muerte de Ramona, Alberto recibió por segunda vez a La Garganta Poderosa

Arrancó siendo un bastión, durante el menemismo, de la pelea bipartidista entre el PJ y la UCR. Allí convivían punteros vinculados a Enrique “Coti” Nosiglia con punteros del PJ porteño que respondían a Kelly Olmos, histórica dirigente peronista.

Con la crisis de 2001, esa lógica bipartidista se rompió. La política interna en la 31 se atomizó y se sumaron, de manera ostensible, las organizaciones sociales. Entre otras, el Polo Obrero (el brazo piquetero del Partido Obrero), la CCC (Corriente Clasista y Combativa), la CTA (a través del Movimiento Territorial de Liberación, que provenía de la izquierda). En otras palabras, lo que en ese momento se llamó el "Bloque Piquetero". La entrega de alimentos fue una de las actividades centrales en las que colaboraban ante una economía destrozada.

En ese entonces, en el asentamiento había un cuerpo de delegados por zona. Por caso, YPF (donde estaban los terrenos de la privatizada petrolera), Güemes (cerca de la terminal de Retiro, Comunicaciones (zona del Correo), entre otros. Ya comenzaban a sumarse delegados de la incipiente villa 31 Bis.

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Con el kirchnerismo en el poder, ya para 2005 las organizaciones sociales vinculadas al oficialismo empezaron a tener importancia en la ayuda social para la 31. Entre otras, la Federación de Tierra y Vivienda cuya cara visible era Luis D´Elia, el Movimiento Evita y otras facciones del PJ kirchnerista. Esta atomización también supuso la pérdida de poder de las organizaciones sociales de izquierda, que vieron como su poder se licuaba en el barrio 31.

A finales de 2007, cuando Mauricio Macri asumió como jefe de Gobierno, planteó una consulta popular para saber si los vecinos querían mantener la urbanización de la villa. El entonces ministro de Espacio Público, Juan Pablo Piccardo y luego, su sucesor, Diego Santilli se hicieron cargo de la 31 con un plan especial por el tamaño y el nivel de conflictividad que se podía generar. Incluso, el abogado personal de Macri, Fabián “Pepin” Rodríguez Simón,  se puso a cargo el tema de manera personal.

En la oposición porteña temían la erradicación de la 31. Macri lo había llegado a plantear públicamente. En ese marco, con un grupo de delegados por sector, el entonces diputado Facundo Di Filippo, quien presidía la comisión de Vivienda, presentó a un proyecto para la urbanización de la villa que fue aprobado en diciembre de 2009.

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Llega el cristinismo. Para el 2011, con la reelección de Cristina Kirchner, en la mayoría de las villas porteñas La Cámpora comenzó a hacerse fuerte. El trabajo territorial había comenzado en 2009, basado en los jóvenes con ayuda social y educativa, dependiendo del lugar. Ese año habían comenzado a implementarse los planes Argentina Trabaja que suponían la articulación con cooperativas donde se contrataba a vecinos del barrio para los trabajos.

En ese marco, la 31 era un lugar hostil. A La Cámpora le costaba entrar. De hecho, hoy aún no pudo hace pie. Es que la villa más grande del país siempre tuvo la particularidad de que la atomización de poder que se dio cuando nació, no se había desarmado en esos años.

De hecho, a diferencia de todo el resto, salvo en la 31 y en la 1-11-14, no había juntas comunales sino cuerpo de delegados, dado su tamaño y las diferentes facciones que allí tenían prédica. Tras una serie de amparos, los jueces, primero Roberto Gallardo y luego Elena Liberatori, intervinieron las villas y, especialmente, en la 31 se obligó a convocar a elecciones donde se eligieron más de 100 delegados. Fue luego de un amparo en 2008 del propio legislador Di Filippo.

Para que todos los sectores estén contentos se elegían dos o tres por manzana, mínimo. Además se eligieron consejeros por zona: 10 en total (dos por los cinco sectores de aquel momento).

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De todas formas, para 2010, con al ascenso de La Cámpora, nació un contrapeso: el Movimiento Popular La Dignidad. La organización luego se transformó en La Corriente Villera, una unión de muchas organizaciones sociales pequeñas unidas. Esto se dio luego de que CFK aprobara la Asignación Universal por Hijo (con lo cual se dejaron de enviar planes).

La Corriente Villera sumó muchos peronistas históricos que no querían sumarse a La Cámpora, pero también independientes y de izquierda. En las elecciones locales de 2015 sumaron delegados y consejeros.

La “Poderosa” nunca se plegó a las facciones políticas. Era, originalmente, de la villa 21-24 pero comenzó a extenderse y llegó a la 31. Aunque no era de las organizaciones más grandes, la prédica de Ignacio “Nacho” Levy, quien vivía en Zavaleta, se hacía oír y tenía una voz escuchada. De hecho, Levy participó en las últimas horas de dos reuniones en Olivos con el presidente, Alberto Fernández.

En 2015, con la victoria de Macri a nivel nacional, La Corriente Villera se sumó a la CTEP, y armó un vínculo con Juan Grabois. No se trataba de una organización propia de Grabois, pero sumaron poder. Y se transformaron en el brazo piquetero del Movimiento Popular La Dignidad.

Con trabajo social, se enfrentaron al Gobierno de Macri pero mantuvieron el diálogo abierto con el área social de Cambiemos. De hecho, algunas fuentes revelan que en un comienzo fueron aliados de María Eugenia Vidal en los primeros años del PRO cuando era ministra de Desarrollo Social con apenas 33 años, en los primeros años del macrismo porteño.

En los últimos tiempos, para la campaña de 2019, por caso, fueron los que organizaron la protesta en los shopping en plena campaña del año pasado. Su cara visible es Rafael Klejzer, hoy a cargo de la Dirección Nacional de Comercialización y Abastecimiento Popular del ministerio de Desarrollo Social. Y además sumaron al diputado nacional, Federico Fagioli (de La Dignidad), recomendado por Grabois.

El PRO. Por su lado, a pesar de que ganó casi todas las elecciones en la Ciudad entre 2003 y 2015, el PRO nunca pudo ganar en la 31. Siempre promedió alrededor del 25%. En 2015 algo mejoró: llegó al 37% en primera vuelta y alcanzó el 39% en el ballottage.

En ese contexto, se creó la Secretaria de Integración Urbana, un organismo dedicado enteramente al desarrollo del Barrio 31, con fondos propios y con financiamiento internacional. Diego Fernández, quien venía de ser jefe de Gabinete en Educación, recaló allí, con la idea clara de mostrar gestión pero sin sumar política. Durante cuatro años esa fue la lógica. Manejó esa área con línea directa con el jefe de gabinete porteño, Felipe Miguel.

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Pero en las elecciones de 2019 la política le dio un cachetazo al Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. No llegó al 20% para la primera vuelta en agosto, y luego, ya con la ayuda de Carolina Stanley desde Nación, logró el 31%.

Hoy la villa está dividida en lo político. En plena pandemia, está claro que no hay macristas puros, pero sí aliados. Muchos referentes tienen buena sintonía con el larretismo, en particular aquellos que tienen cooperativas que trabajan con la Secretaría de Integración porteña. El PJ más las organizaciones sociales están del otro lado. La disputa entre los dos sectores aún no emergió. Y el Gobierno porteño no lo ordenó.